Noche de terror en Trinidad. Los porristas comunista en las calles.


Hace muchos años que leí unos libros de un desertor del partido comunista yugoslavo, que al igual que en la Nueva Clase y La Gran Estafa, se narraban la realidad de la crueldad y la frialdad de los comunistas, al cometer sus crímenes
Ellos describen que el verdadero deseo de los integrantes de este tipo de sistema, no es el buscar el bienestar del pueblo, sino enfrentar a los hermanos, manipulando los resentimientos surgidos por las diferencias socio económicas, y así dar nacimiento a un odio cruento, y despiadado, sacando al exterior los sentimientos mas bajos del ser humano, para llevarlos a niveles de jauría.

Estos libros se llamaban: La Noche de los Cuchillos Largos, uno, y el otro La noche quedó atrás. Todavía para los cubanos ninguna de estas dos situaciones ha dejado de ser, la noche deja de salir los cuchillos de la traición, y falta para que la noche oscura quede atrás, ¿cuantos?, solo Dios lo sabe.

Hago este preámbulo porque voy a contar una experiencia que no se cuantos vivieron en Cuba. Si se que todo trinitario que naciera en la década de los 50, debe recordarla con mucha tristeza, otros quizás con vergüenza y arrepentimiento; también pido disculpas porque debo narrar estos hechos en primera persona, y un poco como protagonista, pero es que estuve en el sitio, y en el momento.

Corría el mes de septiembre de 1962, el día 13 habían hecho prisionero a mi hermano, y mi madre estaba en La Habana haciendo gestiones en la embajada Suiza, para tratar de encontrar protección para mi hermano. El día como 18 de ese mes de septiembre de 1962, apareció ahorcado Romelio Cornelio, mas conocido como el Jorobadito del Escambray, porque así era, pequeño de estatura y jorobado en el pecho y la espalda.

El jorobadito era dirigente del ANAP Asociación de Pequeños Agricultores, y tenia fama de chivato, de denunciante, me parece estarlo mirando, pero volviendo al punto, apareció ahorcado Romelio Cornelio, y otra persona mas que no recuerdo si fue Manuel Ascunce. Este hallazgo desató la ira del gobierno, e hicieron lo de siempre, arengar a las turbas, clamar venganza.

Yo había ido a Cienfuegos a tratar de tener noticias de mi hermano, y pedir me permitieran verlo; al regreso cuando me bajé en la terminal de guaguas, el administrador que me conocía me dijo, anda aprisa a casa de tu abuela, las cosas están muy feas.

La ciudad dejaba sentir el ambiente tenso, presagiaba lo que se acercaba. Al anochecer salieron las turbas a la calle, armadas de palos, cabillas, bates de pelota, y cuanto sirviera para propinar golpes. La misa de la Iglesia de Paula, que estaba frente al parque Céspedes, se celebraba a las seis de la tarde, y allí estaba congregado un buen grupo de personas, unos jóvenes y otros ya no tanto; los trinitarios acostumbraban a sentarse en el parque al atardecer, quizás antes de cenar, y aunque ya se sentía el ambiente, algunos realizaban su rutina diaria, cuando de pronto irrumpieron aquellas hordas por todas partes, en el momento exacto en que las personas salían de la Iglesia, y ya las puertas de la misma estaban cerradas, por lo que no tenían donde protegerse

Al frente de estas turbas se distinguían figuras como Dania Venegas, Concha Sanjuan, René Ramos, Carlota Fornias, personas que habían renegado de sus orígenes, y arrastraban tras de si a todo resentido que desea redimir, por decirlo de algún modo, su odio hacia la vida. Hay personas que no puedo mencionar, porque están aun en Cuba, pero lo que Trinidad vio y vivió esa noche, y otras subsecuentes, fue el horror y el terror, la gente quedaba apaleada en el piso, donde luego le propinaban patadas y mas golpes, para entonces llevarlos a la jefatura de policía, ¿con qué acusación?, la de ser co-culpables de la muerte de Romelio Cornelio el Jorobadito, de simpatizar con el imperialismo norteamericano; a una persona que tengo que igualmente omitir el nombre, le rompieron la puerta de entrada de su casa, y entraron a la misma, esta mujer estaba embarazada y abortó.

Mi cuñado Otto Carretero venía por la calle, y dijeron: "A ese, al hermano del asesino de los montes", (mi cuñado era primo de Julio Emilio Carretero), lo golpearon hasta casi matarlo, así con todo aquel que circulaba por las calles en ese momento. Parecían una jauría furiosa, sedienta de sangre.

Como a las 11 de la noche llegaron a casa de mi abuela, habían ido al hospital a buscar a mi hermano para arrastrarlo por las calles, y lincharlo, pero ya se lo habían llevado a Cienfuegos. Se me aprieta el corazón, solo de recordar aquellas patadas contra la puerta de la calle, aquellos gritos de PAREDÓN, aquellas amenazas de: "AMERICANITO, NO VERAS MAS A TU FAMILIA", mi corazón se helaba, creía que romperían la puerta, y nos matarían a todos.

Al otro día, después de desayunar, le pedí permiso a mi abuelita para ir a mi casa, temía lo que podía haber ocurrido en ella, y con renuencia me lo permitió. Cuando entré a la casa lo hice con temor de que hubiese alguien esperándome, abrí todas las puertas, y gracias a Dios todo estaba bien; la vecina me llamó por el patio y me dijo: "A tu cuñado casi lo matan, ve a verlo pero ten cuidado, pues esta noche casi rompen la puerta, si ustedes llegan a estar ahí ......"

Trinidad tiene muchas callejuelas y callejones, por esas callecitas fui a ver a mi cuñado, estaba destrozado él y su primo Ernesto. Él me dijo que regresara a mi casa, y así lo hice. Pasé el día en mi casa como hasta las 3 P.M., en que la vecina me dijo: "Marilú, vete para casa de tu abuela, ya se están reuniendo y si saben que estas en la casa, corres mucho peligro". Cerré todo, aseguré las puertas, y me fui. A medida que recorría las calles sentía el miedo, hubiera deseado tanto poder correr, pero no podía por dos razones: una, que las piernas no me respondían casi del miedo que tenia, y la otra que si solamente hubiese caminado de prisa, alguien notando mi temor hubiera dado la voz de alerta, y me hubiesen golpeado,

A las 6 de la tarde en punto, ya las fieras estaban de nuevo recorriendo las calles, solo que este día las encontraron vacías. Así se sucedieron los días, hasta que se cansaron de su propio odio, pero ya nunca los que vivimos aquellos momentos lo olvidaremos.

Pienso que ese mismo sentimiento lo experimentaron los judíos, cuando los nazis acudían a buscarlos a sus casas. Es una experiencia que no se olvida nunca, por eso repito, no hay odio en el corazón, pero sigo preguntando ¿que hacen los Derechos Humanos ante estas situaciones, no son violaciones, por que la indiferencia ante el dolor, ante la herida?

Cómplices del asesino son, y en su momento la historia, la humanidad, la vida, y sobre todo Dios los juzgará; hay muchas manos de cuyos dedos aun gotea sangre fresca, inocente, y tan culpables de esa sangre son los que mataron, los que hirieron, como aquellos que miraron hacia otra dirección para hacerse los ignorantes, los desconocedores, pero en realidad fueron encubridores, CÓMPLICES DEL ASESINO.


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